
“El Cielo y el Infierno” representa la dualidad entre la calma y el caos. La imagen está dividida en dos mitades contrastantes: una superficie ardiente y volcánica frente a un campo sereno y luminoso. El punto central —una cama— funciona como elemento neutral, simbolizando el espacio donde ambas fuerzas coexisten. La composición equilibra lo terrenal y lo espiritual, planteando una reflexión visual sobre los extremos que conviven en la naturaleza humana.